Escribe acerca de una ciudad de la que te hayas enamorado
‘Llegar a esa zona de la isla es sentir la historia en sus edificios de ladrillos rojos; y a la vez, vibrar con esa resiliencia y enorme capacidad de adaptación al cambio que caracteriza a esta ciudad tan especial’.
No fue amor a primera vista. La primera vez que visité Manhattan, Nueva York; quedé decepcionada. Y es que la imagen que me había creado de la ciudad, con base en cientos de películas y series que la usan como escenario, era muy distinta a la realidad.
Andamios por todas partes, bolsas de basura gigantes sobre las banquetas. Súmale que los neoyorquinos no son particularmente amables. Y con muy poco tiempo para conocerla y menor sentido de dirección, mi hermana y yo terminamos caminando por la quinta avenida en dirección contraria a Central Park (camino a Washington Square Park, que terminaría siendo uno de mis parques favoritos en la ciudad).
Esa vez fue caótica. Iba por trabajo -como la mayoría de veces que visité Manhattan-, cuando solía ser sobrecargo de Mexicana de Aviación. Apenas 24 horas de receso en esta infinita ciudad…
Pasaron muchos años para que regresara, y con mi primer visita como la mejor y más vívida referencia, contrario a aquella vez que sólo llevaba expectativas en mente; llegué a Nueva York esperando poco de bueno y mucho de caos.
Y entonces, con la guardia baja… me atrapó.
Para los que no conocen Manhattan, les voy a lanzar lo siguiente, que en mi experiencia y desde mis ojos, resume lo que es esta ciudad:
Puedes sentir el mayor caos y la mayor tranquilidad en espacio de unas horas: la zona turística está verdaderamente saturada. Y no sólo de visitantes. La realidad es que también hay muchísimos lugareños, que puedes reconocer porque contrario al turista, van muy aprisa sin prestar atención a la maravillosa arquitectura de la ciudad, usualmente con ropa ejecutiva y zapatos deportivos, empujándote fuera de su camino si te atreves a cruzarlo.
Pero, si te alejas del centro de la isla (Times Square, el distrito de la moda, el del teatro, etc.) hacia cualquiera de sus orillas, puedes encontrar lugares únicos, llenos de estilo y encanto.
Hacia el norte de la isla, desde donde empieza Central Park (alrededor de la calle 60) puedes respirar el aire más puro y, si te aventuras a largas caminatas en el parque, encontrar espacios de silencio absoluto para descansar, desconectar, meditar y/o leer.
A lo largo de su orilla oeste, del lado del río Hudson; puedes recorrer la isla por las pistas diseñadas para correr o andar en bici, a una velocidad que ni de chiste alcanzan los autos en las calles centrales.
Y mi parte favorita de Manhattan es del Washington Square Park hacia abajo: The Village -¡friends!-, Soho, Little Italy, Chelsea Market (amoooo)… llegar a esa zona de la isla es sentir la historia en sus edificios de ladrillos rojos; y a la vez, vibrar con esa resiliencia y enorme capacidad de adaptación al cambio que caracteriza a esta ciudad tan especial.
Cientos de lugarcitos llenos de encanto, estilo, sofisticación y extrañamente, una sensación acogedora que no esperarías encontrar en esta ciudad. Callecitas cubiertas por la sombra de árboles viejos, las entradas a sus edificios con escalinatas llenas de macetas con flores coloridas, pequeñas puertas en los sótanos de esos edificios con los lugaritos más curiosos que, sin importar qué vendan, entras y sientes como que te abrazan (yummy, amo esa sensación de un lugar acogedor).
Y entonces, me enamoré de Manhattan. Porque desde chiquita soy un ratón de biblioteca que busca espacios viejos, pequeñitos y abrazadores, que me cuenten una historia, que huelan a humedad, café y estambre.
Y buscando bien, muy -pero muy- lejos de los aparadores y las luces de neón, en Manhattan se encuentran a puñados ❤